Khimera

Khimera, un argumento sinfónico

La guerra es la piedra con la que el hombre ha tropezado a lo largo de la historia, no una, sino varias veces. Está claro que los errores y los millones de muertes no le han servido de aprendizaje. Entre los años 2036 y 2039 se vivió en la Tierra la que se llamó Guerra de Devastación Global, un confrontación mundial que supuso la más importante y radical alineación en bloques de los países: la Alianza Islámica, la Unión de Naciones Libres y el Bloque Asiático se encargaron de dinamitar los preceptos sobre los que se cimentaba la civilización anterior. Tras la firma del Tratado de Paz de Buenos Aires, comenzó el periodo conocido como Década Triste, durante el que se consolidó una nueva realidad social y geopolítica cuyos pilares se centraron básicamente en la negación y el rechazo a cualquier forma de gobierno anterior. Los conceptos de democracia y capitalismo han sido dinamitados por las corrientes ideológicas transhumanistas que propugnan la absoluta libertad del ser humano para traspasar los límites que impone la propia naturaleza.

«Treinta y ocho meses en los que se despoblaron o destruyeron más de dos mil quinientas grandes ciudades y una octava parte de la superficie terrestre dejó de ser habitable. Treinta y ocho meses tras los que casi nada volvió a ser lo mismo porque casi nada quedaba de lo anterior. Treinta y ocho meses de devastación en los que el ser humano dejó de ser humano y estuvo muy cerca de dejar de ser».

En el año 2054 el planeta todavía se está recuperando de las profundas heridas causadas por aquella guerra. Ahora el poder está concentrado exclusivamente en manos de la Asamblea, un órgano de gobierno que agrupa a las más grandes e importantes corporaciones empresariales. Ellos son los encargados de mantener el nuevo orden establecido en un mundo sin fronteras y en el que todos los seres humanos se miden por su productividad. Sin embargo, la explosión demográfica gracias a los avances médicos se está convirtiendo en un gran problema. En las urbes, organizadas por cinturones y fiel reflejo de la fractura social, los habitantes son registrados por su estatus y aportación social. La revolución tecnológica que supuso el descubrimiento y uso del grafeno ha permitido enormes avances no solo en el campo de la defensa sino también en el de las comunicaciones. Hoy todo pasa por el control ciudadano de La Lupa, alma informática de la Asamblea, y nada sucede sin que haya quedado debidamente rastreado por este complejo sistema de observación. Sin embargo, todavía queda un cabo suelto, un molesto inconveniente que escapa al exhaustivo examen del poder: Khimera.

 «Corrían tiempos distintos, tiempos en los que el cara a cara había cedido al empuje de lo virtual y a la distancia. Vehículos terrestres no tripulados con una potencia de fuego infernal conducidos de forma remota por máquinas celestiales; drones que arrojaban bombas inteligentes con un poder de destrucción ininteligible; misiles balísticos y de crucero cargados con ojivas polifuncionales de largo, medio y corto alcance, todos guiados quirúrgicamente por sistemas de inteligencia artificial; robots sin alma ni conciencia diseñados para espiar o neutralizar al enemigo sin valorar las consecuencias de sus actos».

Benjamin Harding, presidente de la Asamblea, vive obsesionado por acabar de una vez por todas con el proyecto Khimera, una organización clandestina de agentes polivalentes y superdotados artificialmente que durante la guerra puso en jaque a las grandes potencias y que ahora se erige como la única amenaza capaz de impedir la consumación del macabro plan genocida que tiene entre manos. La búsqueda del último bogatyr (caballero), único superviviente de aquel grupo, se hará principal objetivo de los gobernantes. Sin embargo, en este enigmático hombre del que casi todos han oído hablar pero nadie conoce también están puestas las últimas esperanzas de aquellos grupos que luchan por lograr que el mundo cambie para siempre. Unos quieren eliminarlo y otros convertirlo en adalid de posibles libertades.

«–Doctor Dahl pretenden que se produzca una reducción considerable de la población mundial; en los órdenes más desfavorecidos, por supuesto –matizó dramáticamente.

–Un genocidio social –definió el científico».

En ese complicado y peligroso viaje a la búsqueda del último bogatyr se verán envueltos cinco destacadas figuras: Ake Dahl, un científico noruego perseguido por descubrir una mutación que afecta a la reproducción humana y que pone contra las cuerdas a los grandes dirigentes y sus postulados; Patricia Jones, inexperta periodista del diario Citizens que busca conseguir una entrevista que le permita cierto reconocimiento profesional; Kai-Xi Chengwu, jefe de una corrupta organización criminal que espera ansioso el momento justo para una perenne y postergada venganza; y el MOC, Movimiento de Oposición Civil, con su líder, Petra Toivonen, y su responsable de operaciones especiales, Frederik Keergaard, a la cabeza de una lucha por recuperar las libertades civiles. Todos, por diversos e insospechados motivos, confían en la pervivencia del proyecto Khimera y quieren encontrar al bogatyr antes de que pueda ser eliminado por las afiladas garras de Harding y su Asamblea. La batida ha comenzado.

«Solo en el verano del año 2038 se perdieron treinta y dos millones de vidas. Pero aquellas cifras, lejos de amedrentar a los contendientes, sirvieron para seguir cargando de espurias razones a sus líderes y continuar alimentando sus arsenales».