Memento mori

Augusto Ledesma

Diseñador gráfico, experto en documentoscopia. Asesino en serie. 

Gabriel García Mateo nace el 22 de marzo de 1978 en un complicado parto en el que muere Miguel, su hermano gemelo. Tras siete años de continuos malos tratos, un juzgado resuelve retirar a la madre la custodia y patria potestad. El pequeño no tarda en ser adoptado por una familia pudiente, los Ledesma Alonso, acostumbrados desde su privilegiada posición política, a alcanzar sus metas por el camino más corto, así, deciden cortar las raíces del pasado regalándole un nuevo presente de nombre Augusto. No escatiman recursos en su recuperación física, psicológica y académica. Su padre adoptivo ejercerá una fuerte influencia sobre él, abriéndole las puertas de un mundo en el que encuentra su primer refugio: los libros. De su madre hereda la pasión por los bonsáis, aprendiendo el manejo de unas herramientas que le servirán para otros propósitos en el futuro. 

Augusto pasa su adolescencia devorando los clásicos, novelas de aventuras, tratados filosóficos y mucha poesía. Recién cumplida la mayoría de edad, se marcha a estudiar la carrera de diseño gráfico a Nueva York y cuatro años más tarde, tras un brevísimo paso por España, se especializará en la Universidad de Berlín. Durante esos años descubrirá otra de sus grandes pasiones, la música, al tiempo que encuentra en Internet la vía para dar rienda suelta a sus tendencias psicopáticas narcisistas. De vuelta en España, pondrá en marcha su propia empresa a la espera de encontrar el momento de empezar con lo que él denomina «su obra». 

Atractivo sin ser del todo guapo, busca diferenciarse de quienes le rodean cuidando obsesivamente su cuerpo y su fachada. Su absoluta orientación al logro choca frontalmente con sus deficiencias empáticas, lo cual trata de compensar a través del consumo de cocaína y de gin tonics de Hendrick´s. A pesar de contar con un coeficiente intelectual por encima de la media, suele encontrar explicación a los enigmas de su existencia acudiendo a su profundo repertorio de citas latinas. 

Ramiro Sancho. 

Inspector de policía del Grupo de Homicidios de Valladolid.

Procede de una familia humilde dedicada a las labores del campo en un pequeño pueblo de la provincia de Zamora: Castrillo de la Guareña. A punto de alcanzar los cuarenta, su aspecto físico no le permite pasar desapercibido: pelirrojo y de ojos claros, rozando el metro noventa, con la cabeza rapada al uno, barba tupida y cejas pobladas. Como ex jugador de rugby, mantiene una buena condición física, le gusta salir a correr y, aunque no con demasiada regularidad, acude al gimnasio. De voz grave y tono sosegado, suele confundir el buen uso del refranero castellano con el abuso de tales expresiones y algunas muletillas mal sonantes. 

Tras licenciarse en Derecho en la Universidad de Valladolid, se preparó las oposiciones para inspector ingresando en el Cuerpo de Policía en 1993. Todavía mantiene la segunda mejor puntuación de tiro de la academia de inspectores pero en lo que realmente destaca Sancho es por su capacidad para retener e identificar rasgos faciales como únicos. Su primer destino le llevó hasta San Sebastián, dentro de la Brigada de Información Territorial para luchar contra la red de extorsión de ETA. Allí conoció a Nagore, con quien contrajo matrimonio por lo civil en mayo de 1998. Seis meses más tarde, participó en una operación como infiltrado en el tejido de Jarrai, etapa que le trajo el reconocimiento profesional y una ruptura matrimonial. La necesidad de cambiar de aires le hizo volver a casa en cuanto surgió la oportunidad, pero se encontró como un extraño en una ciudad que le costaba mucho esfuerzo reconocer tras doce años de ausencia. Se hizo cargo del puesto de inspector del Grupo de Homicidios de Valladolid en julio de 2007. 

Honesto y testarudo a partes iguales, toma decisiones en función del vencedor de la  perpetua contienda entre cabeza y corazón. 

Armando Lopategui «Carapocha» 

Psicólogo criminalista. Ex agente del KGB y la Stasi. 

Su apodo le hace justicia habida cuenta de las vivibles cicatrices que le dejó en el rostro una varicela mal curada en su niñez. Este rasgo facial, junto a unos ojos saltones de color gris acero y el pelo blanco nuclear cortado a cepillo, le dotan de un aspecto físico que genera tanta curiosidad como recelo. Un problema en la cadera le obliga mantener un balanceo en el caminar que acentúa y agudiza su singularidad. 

Ha participado en muchos de los casos más importantes de asesinatos en serie, recorriendo Europa en su incansable persecución de los sociópatas más despiadados. Considerado una eminencia en el terreno del funcionamiento de la mente criminal, este ex agente ruso de sangre española, nacido en plena Guerra Fría y con un pasado turbulento,  trata de aplicar sus métodos poco convencionales para atrapar a Augusto Ledesma.