Presentación Isam Diab Lozano

Exalumno del instituto Tovar

Antes de que César dé por comenzado el viaje, con vuestro permiso, y el suyo, a quien ruego me deje expropiarle de estos minutos iniciales del encuentro, voy a hacer una presentación de tinte subjetivo, contándoos, a modo de barniz, mi experiencia acerca de la lectura de la trilogía, con el fin de alentaros a su lectura que, os advierto, no tiene desperdicio.

De golpe, empezando porque sí y acabando no sé cuándo ni cómo, esta situación, como si de un déjà vu se tratase, me recuerda al comienzo de Memento Mori: sentados (algunos, en su interior, incluso, sufriendo indicios de tortura) y en el peculiar barrio de Arturo Eyries, donde reside parte de mi formación académica y, ahora, a pesar de ser estudiante de Filología Hispánica y tener una relación, me atrevería a decir, consanguínea con el mundo literario, os delato que no decidí sumergirme en la lectura de esta obra hasta que mi madre, lectora empedernida, me animó a hacerlo con una trampa en la que la curiosidad estigmatizada por una doble dimensión me atrapó: por un lado, el interés y la revalorización del mundo clásico, puesto que en la gestación de la obra tienen gran peso la filosofía y cultura latinas; y, por otro, el sentimiento patriótico, haciendo referencia con esto al hecho de que César utiliza en gran parte de la historia a Valladolid como escenario y, de esta manera indirecta, consigue que nos paremos a observar detenidamente todo lo que damos por conocido de nuestra cuna territorial, pero en lo que apenas hemos reparado. Este es uno de los motivos que más me atrajo: narrar una historia de esta naturaleza como si fuera un cuadro en el que el marco se correspondería con la visión oscura de Valladolid y, con el pincel de la crítica social, César dibuja y pinta personajes caracterizados con los vivos colores del crimen, el amor, el suspense, la tragedia, la opresión personal, etc., formando así, una amalgama de la psicología humana impecable. En mi caso, como soy humano, me sentí identificado con algún personaje, especialmente con Augusto, llegando a pensar en ocasiones como un verdadero sociópata; asimismo, me metí tanto en el papel, que sufría fluctuaciones anímicas dependiendo de las escenas (en las peligrosas se me aceleraba el corazón, o se me humedecían los ojos en las emotivas, por ejemplo). Para mí esto es lo más destacable y lo más bonito de un texto literario: que sea capaz de llegarte, de hacerte sentir, abriéndote tanto mente como corazón; es decir, que produzca en ti la famosa catarsis griega. Esto no es gratuito, sino un acto previamente estipulado por el autor, quien, desde el punto de vista formal, emplea una combinación de léxico estrictamente técnico, con su opuesto, el artístico o humano. Este hecho, sumado a una atmósfera de recursos que absorbemos cada día como la música, la poesía o el mundo tecnológico, convierte la trilogía en una composición literaria realista y vanguardista, mezcla que compone nuestra realidad y que, a su vez, se da la mano con el cine. Y no hay mejor película que una buena lectura, y no hay mejor lectura que una como esta, y más aún, con el desarrollo de la trama que tiene esta obra, donde César hace un asombroso alarde de inteligencia narrativa.

Hilándolo con lo ahora mencionado, seguramente la mayoría de vosotros, perdón por la generalización, esté leyendo o se ha leído best-seller como Cincuenta sombras de Grey, o la obra de Federico Moccia y, os aseguro, que en la obra de César vais a encontrar escenas tan morbosas o más que en el primer ejemplo, y escenas tan empalagosas (pero no más) que en el segundo; no obstante, incidiendo en lo que nos interesa,  os garantizo que su calidad literaria es muchísimo mayor, presentando una  infinidad de posibilidades imaginativas y de recursos, lo que diferencia la literatura de la no literatura. Por lo que, os recomiendo de corazón a todos, a los que os gusta leer y a los que no, a los cinéfilos, los enamorados, los que tenéis las mentes más perturbadas… que, cuando tengáis un ratito, devoréis estos libros antes de que os devore la curiosidad, ya que no os vais a arrepentir.

Consumado esto, te doy la palabra, César: todos tuyos.