Reseña de Khimera en "Fandomteca"

"Gellida ha logrado una novela que engancha por su prosa y temática"

Hay libros a los que les cuesta atraparte cientos de páginas y otros que lo logran a las primeras de cambio y consiguen que no los sueltes ni cuando vas andando por la calle. Los hay que están bien escritos pero faltos de alma – su creador es un redactor exquisito y te atrapa con una prosa impecable pero falta de contenido – o su trama es perfecta y adolecen de ritmo – el escritor es un ideador sublime, pero que falla en contar lo que quiere – que logran tenernos en vilo, pero que según los cerramos definitivamente nos dejan con una sensación de falta, de “sí, pero…” Son raras avis los libros que logran aunar estas dos figuras demiurgicas que componen al escritor y hoy os vamos a hablar de una de ellas: Khïmera.

César Pérez Gellida  es un autor que se ha dado a conocer poco a poco gracias al éxito de su trilogía Versos, canciones y trocitos de carne, logrando aunar a la crítica y los aficionados de la novela negra y que ya se hable de El estilo Gellida.  Una forma de narrar muy visual que logra la inmersión del lector en la historia, con una rapidez de crucero desde la primera hasta la última página y que lejos de causar cansancio logra que no queramos soltar la novela hasta el final. A esto ayuda la economía de las descripciones de la que hace gala el autor – como dice Alberto M. Caliani: el arte de narrar es el arte de omitir – y que permite que sea el propio lector el que de forma física a los personajes y los decorados, centrándose en narrarnos sus pensamientos y reacciones. Igualmente ocurre en las escenas de acción: sobrias, esquemáticas, sin florituras, más cercanas a un storyboard que a una escena cinematográfica ya finalizada y llena de efectos especiales.  Incluso se permite el lujo de dejar algunas de ellas fuera de cuadro porque no son necesarias para lo que él quiere narrar y que quedan como un ruido de fondo.

Pero todo lo anteriormente seria vacuo si el contenido no estuviera a la altura del continente y para ello Gellida parte de una labor increíble de proyección geopolítica. No es como otros autores que se imaginan un mundo futuro basado en ideas preconcebidas: robots, viajes espaciales, grandes corporaciones gobernándonos, guerras tecnológicas, sociedades compartimentadas, etc…pero que no se molestan en explicarnos de donde vienen o basarlas en una proyección realista. Aquí sí sabemos cómo hemos llegado al futuro que se nos plantea en la novela y es una de las grandes bazas de la novela: es plausible y cualquiera que lo lea y después se siente delante del ordenador – o de la televisión o del periódico – y lea las noticias que actualmente provienen de Oriente – próximo y lejano – se dará cuenta que no estamos tan lejos de él, y las primeras páginas del libro parecen más un ensayo de FukuyamaAttaliZanotti o Lakoff.

Tras crear el entorno de una manera tan didáctica que nos hace pensar que estamos ante un libro de texto que nos ha llegado del futuro, Gellida empieza a desplegar todas las fichas que compondrán su historia haciéndolas moverse por el tablero hasta que desemboquen en un único punto. Ya sabemos que van a llegar todos, en eso el autor no nos engaña, pero queremos saber cómo, y eso ocurre en una historia que ya hemos leído mil veces –la búsqueda del bogatyr, una figura cuasi mitológica que tiene gran parte de culpa de que el mundo sea como es, por parte de una megacorporacion, los rebeldes, un científico, una periodista y un mafioso cada uno con sus propios motivos – que navega entre la distopía (1984Un mundo Feliz) y el cyberpunk (Mad MaxJuez DreddSyndicate Wars) cogiendo de cada uno de estos géneros lo que necesita para hacer avanzar la trama. ¿Es esto un demerito de la novela? No, porque se usan los hitos de una manera perfecta y en el momento justo, sin escondernos información ni hacer trampas. Todo ha estado y está delante de nosotros y cuando sucede empezamos a juntar las piezas que en un principio habíamos desechado pensando que eran simple información para rellenar la personalidad de los personajes. Ya lo hemos dicho: en esta novela no sobra nada, o casi nada. Ese casi nada es una pequeña subtrama que no añade nada a la historia y que se si se hubiera eliminado no afectaría al total de la historia, pero que al ser mínima no afecta al ritmo general.

César Pérez Gellida abrazando orgulloso a su retoño

CÉSAR PÉREZ GELLIDA ABRAZANDO ORGULLOSO A SU RETOÑO

Todo lo anterior puede llevar a pensar que nos encontramos ante un thriller más – muy bien escrito, eso si – pero Gellida lo complementa incluyendo el concepto de tecnofagia, de nuevo desarrollado desde nuestra situación actual y que nos lleva a una dependencia extrema de la tecnología haciendo que esta nos haya devorado y tomado el control de nuestra vida de una manera que ahora nos puede parecer absurda, pero que viendo las noticias sobre todos losgadgets wearables que se están desarrollando no es nada lejana. No se queda solo aquí, sino que también se permite reflexionar sobre el uso de la tecnología para alterar la propia esencia humana, desde el alargamiento artificial de la vida mediante implantes y regeneración celular, la creación de supersoldados, el control mental y finalmente la inmortalidad mediante el trasplante de la consciencia de un cuerpo a otro. Aquí puede llegar otro de los fallos de la novela: las profusas explicaciones científicas, que ayudan a dar veracidad a la historia pero que pueden resultar muy extensas y técnicas para muchos lectores. Menos mal que el autor introduce un alter ego nuestro en la historia que hace las preguntas necesarias para que se nos explique una versión light de las partes más enrevesadas.

No queremos cerrar esta reseña sin mencionar un recurso que nos ha parecido muy arriesgado, y que posiblemente en otras manos hubiera arruinado toda la experiencia: el final de la novela se narra cuando aún queda un buen número de páginas y de ahí vamos retrocediendo hasta saber cómo se ha llegado a esa resolución. Puede resultar chocante, pero logra mantenernos atados al libro de nuevo para saber porque. Y para los que ya hayan disfrutado de la trilogía que le hizo famoso, hemos de mencionar que este último tramo de la historia contiene un huevo de pascua que las une.

En definitiva, Gellida ha logrado una novela que engancha por su prosa y temática, con un ritmo endiablado que logra hacernos olvidarnos que estamos ante una historia nada alejada de los tópicos pero que logra lo que busca: entretenernos. Esperamos ya con ansia las próximas incursiones del autor en el thriller de ciencia ficción y mientras probaremos su trilogía negra, que ya nos espera en la pila de lecturas pendientes.

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