Reseña de Memento mori en "Historias susurradas"

"Desde la primera página nos adentramos en un retrato psicológico preciso e impactante que invita a reflexionar sobre la condición humana"

Debo confesar que para mí la novela negra supone un desafío mental. En todos los aspectos: desde querer atrapar y analizar al malo hasta tratar de averiguar las trampas que ha ideado el propio autor para que el lector entre en un bucle de confusión y desconfianza. En la primera entrega de la trilogía Versos, canciones y trocitos de carne conocemos en todo momento al asesino, sin embargo, aunque dejamos de lado las hipótesis y especulaciones entorno a su identidad, asistimos de igual forma a una brillante partida de intelecto. Una batalla disputada entre Orestes, responsable de la muerte de una joven ecuatoriana que determina el punto de partida; Ramiro Sancho, el inspector encargado de la investigación del caso y, por supuesto, el lector.
 
Dicho enfoque no desvalora la trama, al contrario, desde la primera página nos adentramos en un retrato psicológico preciso e impactante que invita a reflexionar sobre la condición humana. Orestes se expresa a través de la música y la poesía; un cóctel de ingredientes que resulta fascinante y le otorga a la historia un carácter único y original. Bajo mi punto de vista, este conjunto es una de sus mayores bazas. Y el hecho de  poder ir escuchando las canciones que conforman la banda sonora de Memento Mori es sencillamente brutal; cada canción está fuertemente ligada a determinadas escenas y permite imaginarlas con mayor intensidad.

Pero el entramado urdido por César Pérez Gellida no se limita a lo expuesto. Es evidente la gran labor de documentación que ha realizado en las ciencias de la psicología, criminología e informática. Con la ayuda de Armando Lopategui ("Carapocha"), psicólogo criminalista y un personaje que por sí solo también despierta gran interés, profundiza en el perfil de Orestes como sociópata narcisista y aporta interesantes datos y casos reales. Tanto que me ha hecho revivir algunas de mis clases de psicología forense y de la violencia, os aseguro que me parecía que Carapocha había encarnado a mis profesores transmitiendo un mensaje muy similar. Concretando un poco, me ha gustado especialmente que refleje la confusión actual en lo tocante a la clasificación nosológica entre trastorno antisocial de la personalidad, psicopatía y sociopatía y, además, desmitifique que los enfermos mentales son los causantes de la mayoría de los crímenes. Ni por asomo. 

Es cierto que abarca tantos temas que, en alguna ocasión, la aportación de información ha podido relentizar el ritmo de la historia. En cualquier caso, por lo general mantiene la tensión de principio a fin sirviéndose de giros y pistas que obligan a seguir leyendo, atrapándote sin remedio. De hecho, la línea del libro - y el logro de toda novela del género - creo que se puede resumir en lo que el propio Carapocha señala:
 "Normalmente, lo que parece es simplemente eso: lo que parece que es. Ahí radica el secreto, en hacer creer a tu rival que nada es lo que parece cuando la realidad es, precisamente, lo que se refleja en el espejo."
Aunque Orestes, Ramiro y Carapocha son quienes principalmente mueven ficha, hay muchos más personajes que enriquecen y aportan matices a la novela. Aunque prefiero no desvelar más y que seáis vosotros mismos, si aún lo habéis leído, quienes los conozcáis personalmente. El inspector Ramiro, por su parte, nos ofrece la visión policíaca que incluye los trámites y movimientos destinados a detener al asesino pero paralelamente deja entrever también, entre otros, la lucha por el poder a manos de políticos o el afán por subir puestos en la jerarquía del cuerpo.

No puedo olvidar su enclave principal, Valladolid, un atractivo añadido dado su cercanía y la posibilidad de pasear por las calles retratadas en la vida real. Con todo, es tal la complejidad y la maraña argumental que ha elaborado el autor sirviéndose de múltiples hilos que, fácilmente, se quedan muchos detalles en el tintero. Incluso los títulos que introducen cada capítulo son magníficos. Eso sí, entre tanto acierto decir que no perdono que me haya dejado, tal y como temía, en ascuas y con varios frentes abiertos. Tengo que hacer una visita a la librería, ¡urgente!
 
En definitiva, a pesar de que empecé la lectura con altas expectativas me he llevado una sorpresa muy grata. Un debut admirable: César Pérez Gellida crea un escenario violento y macabro para cobijar la mente criminal de un sujeto carente de empatía y escrúpulos. Estoy deseando continuar con Dies Irae.